II. Silvana

Otra vez ella, pensó mientras terminaba su café.

Era ella, la persona en el reflejo, ojos negros, cabello negro; tendría que seguirla.

Se levantó, encendió un cigarrillo y comenzó a caminar. El asunto se empieza a poner raro, ayer ese sueño y hoy ella, ¿cuantas posibilidades existen?, Antonia y yo en la misma ciudad, que hayamos cenado en el mismo café… Desde que perdió a su padre nunca fue la misma; recuerdo que la pasábamos tan bien, hubiera sido la compañera perfecta de no haber conocido a Silvana.

Estaba a unos metros de ella; tuve que apurar el paso porque de un momento a otro Antonia comenzó a caminar muy rápido. La voy a perder, su cabello siempre tan negro, aunque ha perdido su brillo, y parece más delgada; Antonia giró a la derecha en una esquina, me detuvo un ciego que tocaba el saxofón; eso me distrajo; cuando llegué a la esquina ya no la vi, de todas maneras seguí.

Caminaba hacia adelante, seguía hacia adelante, como guiado por una oscura intuición, mi cuerpo seguía caminando, pero yo estaba en otro lado; cada paso se sentía más pesado que el anterior, creo, recuerdo una ventana abriéndose, un sonido de bocina particular, un perro ladrar, levanté la cara y un avión pasaba, al bajar la mirada no sabía bien en donde estaba, no conocía ese lugar, frente a mi había una casa bastante curiosa.

 *

3.30 AM

Siento que te extraña estúpido. Aquí encima mío, tan pequeña, pequeñísima, tu respiración sobre mi pecho me trae recuerdos, el ritmo de tus latidos sobre mi piel me hace tan bien, solo las dos y Peluso allí dormido en esa silla, todo se siente tan ligero, es como un sueño, la sombra del pájaro que se paró en la ventana cubre la mitad de mi cuerpo, se proyecta sobre mi como una sábana, siempre he dormido así, desnuda, con las sabanas cubriéndome solo hasta la mitad, pero ahora estas tú y te gusta poner la cabeza en mi vientre, te duermes con los sonidos de mi estómago, pegas tu oreja a mi piel con curiosidad, te sorprenden todos esos sonidos tan raros, lo puedo ver en tus ojos, lo puedo ver en tus muecas, lo puedo ver en los sonidos que haces, tú también quieres entender lo que pasa aquí dentro, de alguna manera u otra, te aseguro que no quieres saberlo, pero llegado el momento lo sabrás, por ahora solo puedo decirte que aquí, adentro, es un desastre, que este cuerpo en el que descansas tan tranquila, pequeña hermosa, este cuerpo ya no sirve, solía llevar a una persona llena de esperanza, a alguien capaz de hacerlo todo, de solucionarlo todo, ya no hay nada aquí, un jarrón sin flores, un jarrón sin flores, ahora, en ese espejo de allí, te veo solo a ti, flotando sobre la cama, dormida, respirando lento, tranquila, sospechando quizás de una forma muy remota, que me pasa algo, cuando llegamos aquí aun podía verme en el espejo, ahora volteo y ya no hay nada allí… antes pensaba en el futuro con placer, ahora el futuro me ahoga, me tiene del cuello, apretando cada vez más, me haces tan bien, tu respiración lenta, sentir tus latidos sobre mi cuerpo, estas en otro lado, en otro tiempo casi, como el Peluso, el tiempo de aquí dentro, el mío, es diferente, cada segundo es una aguja clavada con violencia, con mala intención, ¿vez que allí dentro nada está bien?, todo mi cuerpo está lleno de agujas luego van a entrar y se van a clavar en mis pensamientos, y ya ni siquiera podre pensar en estas cosas, la vida se me va de las manos, el sonido del mar, ese sonido continuo y abrumador que siempre me gustó, es como música hecha por el azar, sin organización, sin estructura, todos esos pequeños sonidos se unen por casualidad para formar esa gran pared de sonido que avanza hacia nosotras, nos cubre, desaparece, y luego vuelve… la semana pasada vi un auto, o me pareció verlo, cuando regresábamos, ese auto viejo, ese motor ruidoso… todos los días, ¡todo el día!, trato de convencerme a mí misma que ese no era el auto, que no lo vi, que no lo escuché, el sonido de ese motor, ¡maldita sea!, se me clava en la cabeza, me llena de dolor, de frustración, rabia, dolor, me llena de espanto, mi pequeña… se me clava en la mente, cada segundo que pasa, no, por favor no, no, cada segundo que pasa es tan largo, cada segundo me duele tanto… porque yo ya se, casi puedo verlo…

3.31 AM

Lo veo todo.

5.00 PM

Ven aquí, hermosa, que te parece si vamos a la playa; llevaremos algo para comer, jugaras con el Peluso en la arena como te gusta.

Silvana se puso su sombrero de paja, metió algunos libros en su bolso además de al gato; levanto a la pequeña Antonia en sus brazos, quien había cumplido, ya hace una semana, los tres años de edad.

Salieron.

 

 

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